3 Claves para SUPERAR el MIEDO al DENTISTA

3 Claves para SUPERAR el MIEDO al DENTISTA
3 Claves para SUPERAR el MIEDO al DENTISTA

En este artículo os voy a hablar de 3 claves para superar el miedo al dentista y de lo necesario e importante qué es para  mantener una boca sana y estéticamente sociable.

La boca es seguramente la parte de nuestro cuerpo que percibimos con más intimidad durante todo el día, en cualquier momento. Puede ser el centro de nuestras emociones, o también el de nuestros sufrimientos.  Ya en el bebé es la puerta de comunicación, de exploración y de aprendizaje más importante.

Y además sabemos que es nuestra mejor tarjeta de visita social, profesional, y afectiva.

Nuestra boca informa de cuánto valoramos nuestro cuidado personal, y transmitirá cuánto esmero podemos llegar a dedicar a los demás, a nuestro trabajo, o a nuestra pareja afectiva. Y lo hará silenciosamente, sin palabras.

Abrir y exponer nuestra boca supone un acto de confianza. Necesitamos fiarnos de quien accede a ella, tanto en el terreno afectivo, como en el cuidado de su salud por parte del dentista. Lo que ocurre en su interior escapa a nuestro control visual, está muy cerca de nuestro cerebro, y amenaza a nuestro instinto de autoprotección.

Por lo tanto, muchas veces preferimos retrasar el examen odontológico al creer que, si no nos duele nada en ella, no tenemos ningún problema. Y eso suele resultar falso ya que, ¿cuántas enfermedades de entrada no duelen? La lista sería interminable.

Retrasar la revisión odontológica es un error. Cualquier problema bucodental va a empeorar con el tiempo.

Siempre va a resultar más beneficioso solucionarlo pronto, tanto en el aspecto de la salud como incluso en el coste económico de cualquier tratamiento.

Incluso si la primera vez que un niño conoce al dentista es con motivo de una situación de emergencia (una infección que le provoca dolor, un traumatismo, etc), resultará, como mínimo, inquietante para él. Será para él una mala experiencia, y ¿cuántos adultos la tienen desde muy jóvenes? Evitaremos de esta forma el riesgo de la fobia de los niños ante el dentista, y haremos prevención de la fobia del adulto.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer para no tener miedo a ir al dentista?

1. Escoger un dentista de confianza, del que tengamos referencias por familiares o amistades.

De esa forma estaremos seguros de que pondrá todo de su parte para cumplir que:

                       a) El dentista tiene como prioridad evitar el dolor.

Y hoy día está altamente cualificado para ello, y para adaptarse a las condiciones de salud de cada paciente. Los anestésicos locales son unos medicamentos muy seguros, y las técnicas para administrarlos son bien conocidas por cualquier odontólogo. No hay que tener miedo a la anestesia local.

 

                      b)  El dentista es un profesional sensible a la incomodidad que acompaña al tratamiento, y se adaptará a lo diferente que es cada paciente.

 

Diferente por edad, diferente por experiencias propias o referidas, diferente por circunstancias médicas generales, diferente por interés en cuidar su propia salud.

Cada paciente requiere su tiempo, su ritmo, su paciencia y su forma de darle las explicaciones.

2. Evitar factores que harán incómodo el tratamiento dental; qué hay y qué NO hay que hacer antes de ir al dentista:

 

  • Comer copiosamente La sensación de plenitud gástrica nos molestará excesivamente en la posición en la que el dentista nos ubicará en el sillón dental.
  • No comer nada antes: nos encontraremos más débiles de lo normal, lo que acentuará cualquier incomodidad que sintamos. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la anestesia bucal nos impedirá comer con normalidad las horas siguientes. Un paciente diabético no debe alterar sus ingestas.
  • Respirar por la boca durante el tratamiento dental. Hay que intentar respirar sólo por la nariz. Si no puede ser, el dentista se adaptará a esa circunstancia.
  • Tragar continuamente el agua y la saliva acumuladas en la boca durante el tratamiento. Los movimientos de deglución interferirán con las maniobras del dentista, y producirán mucha incomodidad. Hay que intentar no tragar, que es un reflejo que podemos controlar: si mantenemos un poco de agua en el fondo de la boca sin intentar tragarlas, la aspiración del gabinete dental actuará y nos irá aliviando de forma continua.
  • Tomar sustancias estimulantes.

3. Mantener comunicación fluida con el dentista.

 

Es importante expresar al dentista cualquier duda o incomodidad que tengamos antes, durante, o después del tratamiento.

El odontólogo es un profesional sanitario, y por lo tanto no sólo está muy especializado técnicamente en su trabajo, sino que desea comunicar con su paciente.

Autor:

Dr. Francisco Pey Villarejo.

Dr Francisco Pey

Colegiado 2.303 Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Catalunya.

Colegiado  25.565 Colegio Oficial de Médicos de Barcelona.

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